LA RESPUESTA A LA QUIEBRA DE PUERTO RICO
Podemos estudiar el mapa del coloniaje en el
Caribe y en el resto del mundo y nos toparemos con el entorpecimiento y
aislamiento de poblaciones enteras, de estancamiento y reemplazo de
poblaciones, de exterminación y enfermedades, siglos de esclavitud una herencia
genética de la opresión.
En el Caribe el efecto ha sido una
catástrofe demográfica originaria en el logro de las conquistas, a las que los
conquistadores, colonizadores le
llamaron “Justas”, sometiendo a pueblos a profundas desgracias. Hay quién dice
hoy que no todo fue horror porque se levantaron construcciones históricas
grandiosas que todavía están en pie, pero hay que subrayar que aparte de estas
hazañas arquitectónicas la población en el Caribe siempre ve a ese conquistador
y colonizador con temor y desdén porque trataron de evangelizar y comerciar por
la fuerza, con el garrote, la orca y la hoguera, “civilizar” por medio del uso
de las cadenas, construyendo estructuras para afirmar su hegemonía y
brutalidad, creando un territorio para sus faenas coloniales e interéses
relativos a su afán de conquiesta.
En Puerto Rico ayer era la Monarquía
Española, hoy es el Congreso estadounidense, después de 518 años de coloniaje,
la situación es la misma, enfermedades, descenso de la población, asimilación,
construcción de grandes edificaciones, dominio administrativo y jurídico; el
actor cambia pero la posesión del territorio para el uso estratégico,
socioeconómico y sociopolítico, el centro vacacional del colonizador, por el
tiempo que fuere necesario, es la influencia en la región ocupada.
A principio de éste milenio Puerto Rico y el
Mundo reconocen de ésta problemática, de la conducta articulada del
colonizador, de su mudo y ciego proceder hacia el territorio y hacia la
poblacion puertorriqueña.
Ha sido un evolución, me refiero al caso de
Puerto Rico como una nueva forma de coloniaje, de apropiación del espíritu de
todo un pueblo; en este momento de la continuada conquista y colonización las
causales no son las mismas, pero sí, insensibles y en menosprecio de cualquier
principio de humanidad y democracia y de lo que significa esto en términos de
vidas humanas, millones de vidas se han perdido en más de cinco siglos de
opresión y subdesarrollo. La significación que tiene en esta etapa en nuestra
historia colonial es de carácter existencial, nuestra relación colonizador y
colonizado ya no se sostiene y nadie la soporta, ni el dinero ni la riqueza de
la mertópoli determina la estructura del pensamiento libertador.
La historia de coloniaje es la historia de
crimenes contra la humanidad que han quedado impunes y justificados ante la
mantra de las conquistas, de las glorias de aquellos que una vez pisaron
territorio ajeno y no respetaron, no valoraron la población ni su entorno.
Este escrito no es un lamento, sino un
relato que responde a la suprema necesidad histórica de comunicar, recordar el
contorno de nuestro pasado para refinar nuestro presente para el futuro y tener
una óptica con mejores bordes, mejores de las que hemos visto hasta ahora. Es
la hora suprema de revelar lo que han expresado nuestras voces patrióticas,
esas figuras olvidadas y perseguidas por el colonizador.

Y muy cuerto es, el Puerto Rico del siglo XXI se encuentra en bancarrota
y sumido en el mantengo la consecuencia más clara de las nefastas y
catastroficas efectos de permanecer en un modelo que no promulga el desarrollo
de un país. Rubén Berrios Martínez ha
sido una de nuestras voces patrióticas más acertadas del Puerto Rico
contemporánea.
En esta etapa de nuestra historia
política colonial se trata de un ejercicio ético y moral. Se trata de abordar
toda aquella situción que atente contra la ética y la moral de nuestro pueblo.
En esta etapa de coloniaje, de depravación ética y moral, la etapa pura del
coloniaje, es combatir nuestra mayor desgracia histórica: el coloniaje.
Es una situación que podemos corregir; no podemos regresar a aquellos
tiempos para cambiar la historia, pero si podemos, en este tiempo, dar inicio a
terminar con esta condición de indignidad económica, social, política y
cultural aun cuando sabemos que seremos ignorados en nuestros reclamos y
perseguidos por el colonizador.
Es cierto que el coloniaje nos mantiene frágiles y que el rechazo nos
vulnera, pero nada indica que no se podra lograr la libertad. Puerto Rico no se
ha resignado y ante el sufrimiento rechaza hoy el fenómeno catastrófico de
coloniaje contemporáneo; “frágil” como estamos, nuestra fortaleza y resolución
se ha mantenido inamovible.
Nuestra mayor miseria hoy, es, ser un colonizado y nuestra peor de las
existencias hunanas es estar sujeto a nuestros propios yugos, a los opresores
asimilados, los complices del colonizador, su ponerogénesis colonial ha sido una
reconquista del territorio, el rechazo de nuestros propios, quienes ven una
salida a su situación de indignidad con la asimilación que los lleve a alguna
forma de paridad ciudadana ante el desprecio racista del colonizador; no les
importa, es sin duda una gran verguenza.
El país no quiere seguir bajo los designios de esta relación de dualidad
que lo condena a ser ignorado y desvalorado en su propio suelo. La realidad es
que muchos no comprenden porque han sido enceguecidos, pero qienes
contradictoriamente también reconocen los embates de nuestra histórica
desgracia.
Quieran reconocerlo o no, aceptarlo o no por el colonizador y el
colonizado asimilado, el modelo económico, social, político y cultural colonial
creado después del 1952 solo logro forjar estructuras fisicas, una economía de
adentro hacia afuera en la que fuimos invitados a participar porque no seriamos
dueño de nada, los colonizadores se apropian de toda nuestra riqueza material,
se la llevan a casa y nosotros en control de nada, solo forjadores de riquezas
para otras naciones.
Con este modelo económico en el siglo XXI el 20% más rico de Puerto Rico
ostenta el 60% de los mejores ingresos y el 20% más pobre el 1.2%, lo que nos
lleva a ser el territorio de mayor desigualdad y pobreza en todo los Estados
Unidos de Norteamérica. Tenemos algun signo de progreso, es cierto que gran
parte de la población ya no vive en casuchas o al interperie, que existe una
economía, que aunque no crece provee, pero se vive un país de profundas
carencias.
Todavia hay gente sin hogar, mucha violencia, problemas de salud mental
muy graves que el Estado colonial enceguecido por su afán de asimilarce tanto a
su colonizador no es capaz de atender, un ciego que no quiere ver, un ciego que
viendo no quiere ver, solo persigue el afán de la vida perpétua en el poder sin
importar las consecuencias.
Que otra realidad nos impide ver este contorno distorcionado de
imposibilidades e instituciones fallidas a merced de la corrupción política y administrativa
por quienes son elegidos a dirigir el territorio. Temenos una población poco
instruida aunque con muchas y variadas exepciones Puerto Rico ha producido las
mentes más brillantes del hemisferio, pero aun así, la clase política parasitaría,
colonial, vividora, pretenden llevarnos
por aquellos contornos no definidos, por el astigmatismo histórico del pasado.
Lo sabemos hoy, cinco siglos después, que nos salvamos y salvamos al
país de una falsa riqueza, de una falsa ciudadanía, de una falsa política, de
un falso desarrollo económico, de la demagogía, de una falsa democracia, de una
falsa libertad, del descalabro ético, moral y espiritual, se termina con el fin
total y absoluto de nuestra condición colonial.
Este, el Puerto Rico del siglo XXI, es uno que aspira, absolutamente a
ser plenamente libre y no ser objeto nunca más de la degradación que significa
ser ignorado por la metrópoli, por la maquinaria imperial estadounidence y por
ninguna otra maquinaria imperial en el mundo. Aspiramos ser parte de este mundo
globalizado de posibilidades al que tenemos pleno derecho y que se nos niega a
cada segundo de nuestra existencia humana.
Hoy nos encontramos de frente con esta realidad histórica, con la crisis
del Estado, con una clase política colonial opresora aferada al poder para su
benefico elitista egoísta, nos encontramos ante otras situaciones producto del inicial acto de
colonización, aquellas raíces de nuestra desgracia histórica, la crisis
ambiental y energética, la crisis de salud, la crisis de salud mental, la crisis
de deterioro social, la plaga de la corrupción y la epidemia de la violencia,
la enfermedad proviene de la misma consecuencia historica: de la ocupación
forzosa.
La libertad no puede ser mala cuando se confirma y se reafirma la
dignidad, la conciencia libre ante la verguenza de ser un colonizado. Cuando se vive en la opresión por tanto
tiempo, como es el caso de Puerto Rico, se hace inevitable pensar que la única
solución la encontramos en terminar con esta relación colonizador-colonizado
tan destructive.
Abandonar
al colonizador significara para nosotros una nueva manera de pensar y una nueva
manera de vivir, sin duda alguna mejor que la anterior relación de desigualdad,
racismo y rechazo.
Una conciencia libre forjara un hombre libre y de paso una Nación Libre
participativa de la Creación.
Prof. Víctor Leguillow Velázquez
MBA
Prevención de Violencia
Sistema Univeersitario Ana G. Méndez

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