LA PSIQUIS DE LA CAPACIDAD DEMOCRÁTICA DE PUERTO RICO
El Puerto Rico del
siglo XXI tiene muchos retos por delante; no solo establecer dialogos para
discutir y analizar de manera crítica asuntos de suma importancia para el
desarrollo sino de acciones concretas de implementación de las soluciones a
nuestras problemáticas económicas, sociales y culturales. Un Puerto Rico
reactivo ya no es rentable y me atrevo a decir que nunca lo ha sido por la
grave crisis económica, social, política y cultural que acontece.
Desde
el punto de vista de la psiquis humana, practicamente casi todas nuestras
problemáticas estan relacionadas con la manera y forma en que ha gobiernado y
el ejercicio democrático de elegir las personas que han de regir los destinos
del país. Hasta cierto punto somos todos responsables de lo que acontece
después, pero no del todo, me explico.
Las
tendencias anómalas de gobernar se conócen rápidamente, los beneficios y los
entendidos de gobernar y obtener algún benefico personal, se reconoce y se
aprende también.
Por generaciones han sido conductas
relevantes a la criminología, al estudio del mal el la política. Como la
violencia, la corrupción se aprende, pero también se pueden desaprender si se
logra aplicar el remedio adecuado a tiempo.
Estoy seguro que muchos de ustedes se han
preguntado en algún momento: ¿cómo se puede disminuir y erradicar la violencia
en un pais cuya clase política la modela de muchas maneras?

La violencia
estructural a la que hemos estado expuesto es un tipo de violencia indirecta,
es decir, las acciones que han ocasionado pobreza y desigualdad en nuestro
suelo, por estrategias no diseñadas
directamente con ese fin, pero que sus derivaciones indirectas son de la
política económica colonial que por siglos han son causa del injusto reparto de
la riqueza, el origen de las muchas causas de los males económicos, sociales,
políticos y culturales del Puerto Rico del siglo XXI; causas que han producido violencias y
corrupciones epidémicas y corrupción con escaso y poco profundo análisis, con
muy variadas excepciones.
La violencia directa, la más visible nos ha
permitido con mayor afrontarnos a ella. Sabemos que se manifiesta cuando hay un
emisor o una persona que haya efectuado el acto de violencia, emana de la
estructura de la personalidad de quien la promulga; cuando es extrema proviene
de la propia estructura social. Cuando es estructural proviene de la estructura que la
promulga, se concreta en la negación de las necesidades humanas y existenciales,
se transforma en la suma total de todos los choques en las estructuras sociales
y solidificadas por el aparato gubernamental emana de tratos injustos en
desiguales casi inalterables. Es una situación compleja que se solidifica en la
clase política.
En Puerto Rico la enfrentamos todos
los días en la obligatoriedad de nuestra condición colonial, en este Apartheid
colonial que nos empobrece continuamente y que enriquece la clase política,
económica y religiosa dominante.
Es importante en este punto decir que no
confundamos conflicto con violencia aunque estén vinculadas. Los conflictos son
situaciones de disputa en los que hay contraposición de intereses, necesidades
y valores. Los conflictos se pueden resolver sin el uso de violencia,
aunque es posible que surja violencia en
el conflicto, esto quiere decir que el conflicto puede ser más o menos parte
intrínseca de todo aquella situación objeto de la violencia.
Entonces la violencia es un
fenómeno social y estructural no se debe pretender eliminar la violencia sino
antes conocer cuál es el conflicto que la alimenta, puesto que ahí se
encuentran las soluciones, las oportunidades de transformación, y no los
remedios para resolver los problemas, sean estos interpersonales o políticos.
Entender este axioma erróneamente
nos ha llevado a la connaturalidad de nuestras relaciones con nuestros prójimos,
con nuestra existencia colonial.
Ahora bien, aprender a gestionar los conflictos, para resolver problemas,
los antagonismos coloniales conlleva un ejercicio democrático, cuando su
génesis emana de lo político, el conflicto comienza cuando las necesidades de
dos o más personas/grupos se antagonizan, tan antagónicos que se genera una
crisis difícil de resolver.
El no reconocer por décadas nuestro conflicto,
nuestra condición colonial, nos ha llevado hacia el abismo de una profunda
crisis, en debates politiqueros que no solucionan absolutamente nada en el
territorio.
El resultado lo conocemos, lo
vivimos todos los días, la desconexión moral de nuestra clase política
contemporánea, una espantosa realidad, la megalomanía que ha intoxicado la
psiquis nacional, causa de un cuadro infeccioso, maligno, invasivo, canceroso,
tan o más que la ocupación estadounidense el 25 de julio de 1898, se ha
entronizo la manera anómala de gobernar.
Las campañas políticas asemejan,
cada cuatro años, un desembarco politiquero de nuestra clase política, un
asalto disfrazado de democracia, nuestros políticos enmascarados inician un
gran saqueo. Clase política que oculta su personalidad obscena tras la Ley
Suprema, repartiendo méritos abandona el verdadero valor democrático: el
pueblo.
Puerto Rico atraviesa por su
peor crisis de su historia colonial, momentos muy difíciles que se acrecientan
y se intensifica más y más cada día, la desconfianza es total por su deslealtad
hacia el pueblo y hacia los valores democráticos.
Responsables por décadas de
prácticas fiscales erróneas y dudosas, las “equivocaciones”, las alternativas
para la solución no han sido perspectiva amplia que anticipe nuestro futuro. La
situación como es, lo decora todo a favor de aquellos que gobiernan,
administran legislan el territorio. Políticos de poca talla, componen una banda
de corrupción, gobernantes del territorio, de la inutilidad, de posturas
oscuras y perturbadoras.
Su participación ha sido
mayormente en ser gestores, tecnócratas cuya motivación ha sido obtener el
poder por el poder mismo, regodearse y congregarse en una elite monárquica
descargando su agenda de repartición del gran botín. Sus avenencias en la
repartición de las gracias justifican sus posiciones y legitiman su poder,
mientras tanto desigualdad, exclusión y violencia, carencias absolutas.
Gobernantes, más que servidores
públicos se han alimentado por décadas de nuestra bondad y buena voluntad de
pueblo, sus relaciones clientelistas engrosan sus bolsillos, fractura la
confianza y fe depositados en ellos; la capacidad democrática no se mide por
quién y por cuánto tiempo se gobierna un país o un territorio, sino por la
facultad de respetar lo que es común a
todos, lo opuesto, deslegitima y torna su gestión “democrática” en una mofa.
Este tipo de “servidor público”
sufre de un tipo de patología política que causa efectos nefastos al pueblo, a
su voluntad democrática. Este tipo de gobernantes han sido uno de los males más
corrosivos.
Colonia o territorio, llámese
como se llame, sea cual sea su definición, gobernar requiere honestidad,
vocación, capacidad y constancia en todo aquello que sea para el bienestar
común, en el valor de las mejores prácticas en hacer política.
Para el pueblo, en el ejercicio
social de la democracia, significa conocer las aptitudes de los políticos,
conocer sus verdaderas intenciones, sus reales pensamientos, sus opiniones
reales, escuchar los discursos románticos de la política no es suficiente, no
se pueden ejercer los derechos democráticos a ciegas, ir a ciegas a las urnas
es tirarse a las aguas sin saber nadar, nos ahogaremos en el mar de dudas, los
“expertos de la democracia colonial no acudirán a nuestro auxilio porque se
interpone la “formalidad de su conducta anómala en la política”.
Una democracia de mayor
calidad, la sana manera de gobernar, de legislar y administrar es posible, una
mejor calidad de vida es posible, por requiere de nosotros-el pueblo- la
voluntad de exigir, de nuestra intervención critica. Encontraremos en el camino
obstáculos característicos de la colonia, pero el mayor de los obstáculos en el
Puerto Rico del siglo XXI no es nuestra condición colonial únicamente, lo es
también el tener que enfrentar y combatir una clase política anómala
entorpecedora de los valores democráticos, detractores de los derechos humanos.
No podemos seguir eligiendo a
ciegas, cediendo el país y nuestros patrimonios a los perroflantes patológicos
de la política colonial. Es tiempo de tomar el control para prevenir los males
econónicos, sociales, políticos y culturales, detener la Ponerogénesis Colonial
que se inició el 25 de julio de 1898, es tiempo de detener a nuestra emulante clase
política también, que se ha lucrado con nuestro Apartheid en él Caribe, creímos
una vez que implantarían las libertades y que el colonizador las implantaría
también.
La palabra: EXIGIR
Prof. Víctor Leguillow Velázquez
MBA
Prevención de Violencia
Sistema Universitario Ana G. Méndez

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