sábado, 27 de agosto de 2016


LA DESAFECCIÓN POLÍTICA EN PUERTO RICO
SOLUCIONES
 



   De la misma manera que la patología clínica se ocupa en estudiar las enfermedades de los seres humanos, la Ponerología es la nueva ciencia que estudia el mal en la política, el que nace de los procesos ponerogénicos contra la existencia humana, injusticias. El estudio del mal ajustado a la política nos provee facultades para exponer factores patológicos de personas que se han caracterizado por un cierto grado de desviaciones o defectos patológicos en sus gestiones políticas. Para Andrew M. Lobaczewski el padre de ésta ciencia, el origen del mal realmente yace fuera de los limites convencionales del mundo, por lo que el estudio del mal en la política es una importante aportación al estudio cientifico de los secretos de las conductas anómalas en la política.  

   La verdad no se puede suprimir, la moralidad y el humanismo no pueden depredarse por este mal porque el mal en la politica puede ser erradicado con medidas racionales. Desde este punto de vista hare los siguiente esctito y publicación.

   La corrupción se ha descrito como la plaga del siglo, comparado con un tipo de cáncer, donde las células enferma pueden contagiar al resto del cuerpo para afectar la salud y el buen funcionamiento de este. Cuando desviados de las conductas que  esperan de los ciudadanos, degeneran en actos anómalos que vulneran  la sana convivencia y el buen orden social efectos nocivos no se hacen esperar para todos los componentes de la sociedad. Ningún sector de nuestra sociedad ha es inmune a ello.

   Se materializa en situaciones que se caracterizan por el deterioro progresivo del tejido social a causa de las aptitudes  malsanas y deviadas de la clase política privilegiada en su gestión política y ejercicio del poder.

   La corrupción localizada estructuralmente en las instituciones gubernamentales y políticas es violencia estructural que nos  ha perjudicado a todos directamente,  violencia que no se ve a simple vista, pero que la hemos sentido en el dinero que aportamos al fisco puertorriqueño en cumplimiento de nuestro deber y cumplimiento ciudadano para con el país, dineros que no se han utilizado para aquellos asuntos que más afectan a nuestra población, se han utilizado para el disfrute y placer por aquellos en quienes hemos confiado y ocupan las posiciones confiadas.

   Ha tomado años, las dolencias a través del tiempo han sido muchas y los síntomas, los más visibles y muy particulares:

      Afanes desmedidos por el poder,

      Mentiras y engaños,

      Promesas que saben no podrán cumplir,

      Falsificaciones,

      Sobornos,

      Traiciones,

      Venta de influencias,

      Ventagerismo,

      Ambición inflamatoria.

  Se trata de aspirantes a cargos públicos y de personas que ya ocupan un cargo público y de aquellos que en algún momento han ocupado un cargo público, ha sido y es una patología corporativista en la política en la cual se exige estricto ejercicio de silencia y obediencia dentro y fuera del ruedo político.

   Por supuesto, una epidemia, que se propagó rápidamente, en la política puertorriqueña que a finales del siglo pasado y principios de este la infección ésta expuesta porque metastatizó en el tegido social.

   Antonio Quiñones Calderón en su libro Corrupción e Impunidad, 2014, dice: “desde el 1900 hasta el 2014 se ha violado la ley en actos de corrupción gubernamental”, “el costo de este mal le ha costado a Puerto Rico $678,930,298 millones mucho más que la deuda pública actual” “89 alcaldes, 22 representantes o exrepresentantes, 33 senadores o exsenadores, 23 jefes de agencias, 258 empleados del Capitolio, 25 subjefes y jefes de agencias, 7 directores regionales, 12 funcionarios de oficinas centrales de vivienda, 21 empleados del Negociado de la Lotería, 430 agentes y oficiales de la Policía, incluyendo coroneles.”, “Las convicciones fuero en un 90%”; la investigación y data de Quiñones simplemente es claramente revelador de los puntos cardinales del mal en la política, un trabajo ponerológico importante en la historia reciente sobre la corrupción política en Suelo Borincano.

  Hemos visto y vivido este panorama oscuro y nefasto, no nos sorprende, la reflexión es hacia un desapego y desconfianza, una sobre cautela para con aquellos que aspiran un cargo público. Se trata de una situación que se fue intensificando, actos a puertas cerradas, que causan una gran desafección política en el país. ¿Cómo creer?, ¿En quién confiar?, ¿Qué hacer?, el acto anómalo se confirma en la forma de relación pública entre unos y otros.
   El país ha perdido la confianza en sus instituciones, y la clase política, se ha quebrantado totalmente la fe que depositamos en ellos para servir al pueblo, guiarlo y protegerlo contra enemigos internos y externos, pero no ha sido todo lo opuesto, la desafección es total.

   Relatar este hecho significa para mí compartir una información valiosa que será útil a la hora de tomar alguna decisión electoral futura. Es importante conocer las escalas del mal en la política puertorriqueña para saber cómo detener el avance epidemiológico de la corrupción, no hay varitas mágicas, y sabemos que es una tarea ardua y generacional.

   Exponer la situación, es entorpecer su paso, su avance y su consecuente mutación como ha estado sucediendo. Ejercitar la virtud y el valor de la honestidad, divulgarla, compartirla ayudara a detener el avance de la infección, de esta manera lograr que nuestra población futura esté inmune contra esta plaga. Nuestros jóvenes lo agradecerán y nuestro país florecerá en una sanidad económica, social, política y cultural duradera, en homeostasis sicológica y equilibrio interno, en la capacidad de respetar la vida y todo aquel o aquello que la cobije, con acciones y aptitudes en el acto del amar y respetar nuestro prójimo y a todo ser y especie viviente. Estoy seguro que de tal manera nunca cruzaremos los límites hacia los abismos de la oscuridad. Si la información y conocimiento es poder entonces la honestidad es libertad y salvación de lo alto.

 

Prof. Víctor Leguillow Velázquez
MBA
Prevención de Violencia
Sistema Universitario Ana G. Méndez

 

 

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