LA LUJURIA POLÍTICA DE PUERTO RICO
La historia de la humanidad nos enseña que
para mejorar nuestra existencia humana no basta con mejorar las condiciones
materiales también hay que cambiar la concepción del poder y la propiedad para
orientarnos a la vida, de pasar del tener y atesorar, al ser y compartir, la
paz y la igualdad, valores olvidados de sociedades sumidas en las supuestas
ventajas de ostentar el poder a toda costa.
Sabemos qué para
alcanzar cierto equilibrio psicológico para conservar nuestros sistemas de
orientación, las ideas que le dan dirección nuestras vidas, sentido de
identidad y capacidad, unidad de propósito lo encontramos en el valor de hacer
el bien y en la capacidad e compartir el bien que se traduce en bienestar común.
La historia de la humanidad también nos
ensena que el hombre trasciende a través de sus pasiones y en el desfogue de
las pasiones se encuentra ante la necesidad de ejercer alguna forma de control.
Este apasionamiento cuando se ha tornado descontrolado ha resultado ser testigo
de males que en el marco de las deficiencias políticas se conoce como la ‘lujuria
política’, la demasía, los excesos vinculados a la política, la apasionada
búsqueda perpetúa del poder y la riqueza los siete pecados capitales en la
política: lujuria, gula, avaricia, pereza, ira, envidia, soberbia que arroja
una espesa nube de humo que nos mantiene en la oscuridad política.
Para algunos resultará difícil visualizar
los comportamientos lujuriosos en el orden de lo político, pero tiene su
explicación. Ese descontrol y exacerbación con el poder y la riqueza,
dependiendo de la intensidad de su manifestación puede ser generada en el marco
de bien común, pero también puede ser en el opuesto, el egoísmo, la codicia, el
impulso descontrolado e irresistible de abandonar toda responsabilidad, de lo
ético, de lo moral; entonces, estamos ante el deseo y apetito incontrolable de
hacer el mal que manifestado en la política podemos definirlo como patológico,
acciones perversas, el vicio de mentir y engañar el ‘luxus’ político.
En el caso que nos ocupa, Puerto Rico en
todo aquello aplicable a la política ha tenido la expresión de este pecado,
hemos visto su manifestación en los partidos políticos, en las estructuras de
gobierno, en todo el quehacer gubernamental, se actúa sigilosamente para
ocultar la oscura y perversa lujuria política.
Esta reflexión, conforme a la definición de
lo ‘luxus’ político manifiesta la desafección hacia la política de la ilicitud,
de la política de la contravención del orden, la ley y la moral, de la ‘lujuria
política’ que atenta contra nuestra libertad del voto, al derecho a la
transparencia en la administración pública.
La manifestación de este mal nos ahonda más
y más en el desgaste social, la pobreza, el subdesarrollo, la falta de progreso
social. La ‘lujuria política’, la falta de rectitud daña la calidad de vida,
causa daño físico y psicológico, este vicio de corromperlo todo para beneficio
propio ha excedido y ha pasado más allá de quebrantar instituciones, ha
quebrantado el alma de todo el pueblo.
Puerto Rico necesita una orientación hacia
el bien común, una interpretación de lo sensorial en el campo de lo político
que nos lleve al carácter social de lo que es permitido, de lo que es legal, de
lo que es moramente lo correcto hacer y no hacia lo insolente e inaceptable, la
corrupción, la incertidumbre.
Cuando el poder se transforma el ‘lujuria’
el Estado se corrompe y se trastocan los valores sociales que se deben
defender, se transgrede el tejido social, reina la anarquía, la violencia.
Puerto Rico no puede continuar a merced de
pseudo caudillos coloniales predicadores del poder, arribistas engreídos,
populistas del engaño que al amparo del desánimo colectivo buscan concretar el
poder para sí mediante manejos turbios de nuestra realidad colonial.
En esta etapa de nuestra historia económica,
social, política y cultural es más que evidente que Puerto Rico necesita un
nuevo contrato social no colonial intrínseca y extrínsecamente atado y
vinculado al bien común, la igualdad, la libertad, pero en el marco de la
honestidad y en la voluntad expresa del pueblo para poder convivir con una
visión de futuro de prosperidad que asegure la sanidad de las libertades
civiles y de los valores y principios morales.
Prof. Víctor Leguillow Velázquez
MBA
Prevención de Violencia y Delincuencia Juvenil
Sistema Universitario Ana G. Méndez

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